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sábado, 25 de enero de 2014

Y pronto llegó la inspiración.

Ya tengo material para escribir!!!

Choqué!!! Así es, tuve un accidente automovilístico, Gracias a Dios no fue fuerte, pero aún así, mi auto sufrió algunos daños.

Saliendo del trabajo, iba camino a la escuela a recoger a mi niño cuando me distraje, el auto de enfrente frenó en seco porque el auto que iba delante también había frenado, y yo distraída en otras cosas, no lo vi y el golpe.

Llamé a mi esposo para que se hiciera cargo de los niños, que eran mi prioridad (David Nicolás que estaba esperando en la escuela y Martha Adaiah en casa pero que la nana ya tenía que irse), después llamé a mi hermano que estaba en la oficina a media cuadra de donde sucedió el accidente.

"Buscaré los papeles del seguro del carro y en cinco minutos llego"- me dijo. Y en efecto, a los cinco minutos llegaron mis dos hermanos. Verlos llegar, altos, fornidos, y preocupados. Derritieron mi corazón.

Soy la mayor, pero ellos me rebasaron en estatura. Mis "Guardaespaldas" pensé. Pude descansar, ellos se hicieron cargo de todo el papeleo y demás detalles. Uno arreglándose con la persona afectada, el otro arreglando mi auto. Dos horas después, estaba listo para volver a las calles.

Me dí cuenta que aunque soy la mayor, acostumbrada siempre a ver por mis hermanos, ayer, fue al revés. Ellos me cuidaron. Fue extraño. Mis "hermanitos" haciéndose cargo de mí. Supongo que eso es lo que hacemos los hermanos: cuidarnos las espaldas. Pero repito, los menores... cuidándome. Fue el sentimiento más tierno que pude experimentar. Y estoy sumamente agradecida de tenerlos a mi lado, y agradecida también con mis padres porque siempre han estado al pendiente de que seamos una familia unida.

Arreglado el asunto. Nos regresamos a la oficina. Llegó mi esposo con los niños. Me abraza y me pregunta si estoy bien. "¡no podía estar mejor!". Me supe rodeada de amor: Mi esposo, mis hijos, mis hermanos, y mis padres.

Para cuando mis padres llegaron, parecía que nada hubiera pasado. Vi y sentí el orgullo de mi padre al ver cómo él, acostumbrado a dar órdenes, no tuvo necesidad de estar presente. Sus hijos habían tomado las riendas, y todo marchó de maravilla.

No sé... ¡me sentí dichosa!
Soy extremadamente bendecida, tengo todo lo que necesito,
Gracias Dios por la familia, lo material, de verdad que sale sobrando!!!!