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jueves, 20 de junio de 2013

Para ganar almas en la calle hay que dar clases en el aula...


Una vez escuché a un joven decir: ya basta de clases sobre noviazgo y sexualidad en la iglesia, lo que necesitamos es salir y hacer algo para ganar almas.

A lo que estuve de acuerdo y a la vez no. Es verdad que tenemos que ganar almas para Cristo, esa es nuestra gran comisión, de eso no discuto ni tengo nada que alegar. Pero de lo otro...

Poco tiempo después llega otra persona conmigo a desahogar sus penas en una plática tipo ministración. Su mundo se derrumbaba porque a estas alturas de la vida sus padres habían decidido divorciarse. Mientras le escuchaba no podía dejar de pensar que no importa la edad que se tenga, el divorcio siempre trae destrucción en menor o mayor grado. A más de sus 20 años de edad por primera vez sentía una incertidumbre e inseguridad que jamás había sentido y ahora dudaba de todo y de todos, hasta de si su futuro pudiera ser prometedor.

Al ver sus lágrimas y su mirada vacía me ardió el corazón. Tal vez porque muchos años atrás yo era una niña de 5 años que atravesaba por este mismo dilema, pero que gracias a Dios mi hogar no se destruyó.

Por lo tanto he llegado a una conclusión: A no ser que te vayas a las naciones de misionero para ganar almas para Cristo, lo mejor que podemos hacer el resto de nosotros es: encontrar una buena pareja con la cual podamos pasar el resto de nuestras vidas juntos hasta que la muerte nos separe, literalmente, "Hasta que la muerte nos separe". Así podremos criar hijos espiritual y emocionalmente sanos, seguros de sí mismos y firmes en una fe que puede hacer frente a cualquier situación que amenace con la destrucción, porque han sido testigos de ello en sus propios hogares.

Personas así, serán la solución a una sociedad decadente que no sabe distinguir entre el bien y el mal porque en algún momento de sus vidas fueron dañados, se sintieron defraudados o abandonados. Hogares firmes e hijos felices serán el mejor testimonio por el cual "el mundo" quiera tener lo que tienes: Un Dios vivo y real en tu corazón.

De ahí la importancia de enseñar a nuestros jóvenes a escoger bien a su futura pareja. Clases de noviazgo y sexualidad que enseñen a no unirse en yugo desigual, y no solo me refiero a la fe; de escoger a la persona con quien se tienen intereses, valores y metas en común, y no hacer caso a aquello que dice que "los opuestos se atraen", cosa que es verdad, pero que rara vez perdura ya que es prácticamente imposible pasar toda una vida con alguien en lo que difieres casi en todo, por ser precisamente eso: opuestos.

Maestros que enseñen, aun en contra de lo que la sociedad grita y señala por pasado de moda, una vida de pureza sexual, sabiendo que es mucho más lo que se pierde que lo que se gana al explorar lo prohibido... cosa contraria cuando se tiene la bendición del matrimonio.

Matrimonio, palabra y concepto cada día más degradado y pasado de moda... Debemos enseñar de la dicha del mismo. Debemos rescatar aquellos valores y principios que Dios estableció desde el comienzo.

Y se cumple la Palabra de Dios cuando dice: "en aquellos tiempos a lo malo llamarán bueno y a lo bueno llamarán malo"...

... Ayúdanos Dios!!

Quiero aclarar que al escribir estas líneas no es mi intención juzgar, estoy completamente consciente que para algunas personas las circunstancias no les dejaron otra opción y ahora tienen que caminar sin una pareja a su lado. Me duele pensar que hay hombres y mujeres que tuvieron que huir de esa relación destructiva por bien propio y de sus hijos, por violencia, uso de drogas y cosas peores... De aquellos que tuvieron que decir: "No más"... No se sientan ofendidos, al contrario, rogamos a Dios por su pronta restauración.

Escribo para aquellos que aún pueden evitar pasar por el infierno de la separación, para aquellos que aún pueden aprender de los consejos y de los errores de los que ya nos precedieron.

Hagamos esto sin descuidar aquello: ganemos almas, pero no olvidemos enseñar fuertes bases a nuestros jóvenes para producir matrimonios fuertes, familias fuertes, y eventualmente, la firme sociedad con la que hemos soñado.

Martha Martínez,
Junio 2013.



viernes, 17 de octubre de 2008

CIUDAD.

Es viernes, casi siempre al termino de la semana me siento más cansada de lo normal. Levantarse cuesta trabajo, el solo hecho de pensar en limpiar la cocina, lavar la ropa sucia, barrer y trapear, hacen que me ponga de mal humor... pero ni modo, el dia sigue su curso y yo tengo que empezar...

Comienzo por prepararme mi matituna taza cafecera... sitento que las fuerzas regresan, mis pensamientos se aligeran y estoy lista para poner mi cerebro a funcionar.

Generalmente desayuno sola, ya que esta semana mi esposo entra a las 6.00 am a trabajar... miro hacia la barra y veo que he dejado mi Biblia olvidada en la cocina... pero no importa, de hecho, mejor aun. Extiendo mi mano y la alcanzo... ¿Qué leer?... la abro en los salmos, pero no. No es suficiente, siento que Dios tiene algo más qué decirme.... pero ¿Dónde?...

Detengo mi lectura, tomo un sorbo de mi delicioso cafe y mi mente divaga... las palabras de un pastor amigo vienen a mi recuerdo: "Martita, Estamos hablando de una ciudad... No podemos pensar que como iglesia podremos alcanzarla individualmente. Necesitamos unirnos".

Unidad... ¿Acaso tendrían algo de cierto sus palabras? inmediatamente recordé aquella oración que Jesús hizo por sus discipulos antes de ser crucificado. Juan 17...

17.22b Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
17:21
para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
17:22
La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
17:23
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

7:26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

No sé si puedas ver como yo la estrategia que Cristo nos dejó para alcanzar nuestra ciudad...
UNIDAD.

Es hora de derribar nuestras paredes denominacionales y empezar a ver a los demás cristianos como lo que en realidad son: Nuestros hermanos.

Dejemos de pararnos el cuello al contar los años que tenemos como denominación, y seamos lo suficientemente humildes como para reconocer que en tanto tiempo no hemos hecho lo que debimos hacer.... impactar nuestra ciudad.

Que la sencillez nos inunde como para recapacitar y ver que no lo sabemos todo, ni lo tenemos todo, ni que seremos los únicos a los cuales Dios nos habla. Hay afuera de nuestras 4 paredes otras personas que también buscan el rostro de Dios, y OH! Cielos!! Sorpresa!!!! A ellos también Dios les habla y aún más... también les ama.

La estrategia es simple... "Amor". La petición de Jesús fue: "Que sean uno, para que el mundo crea que tu me enviaste". Si somos lo suficientemente inteligentes, nos daremos cuenta que a Dios no le interesan nuestras bien estructuradas denominaciones. A él le importa solo que seamos uno. Perfectos en unidad, asi como Él y y el Padre son uno.

Y cuando esto suceda, entonces el mundo sabrá quién es Dios. Y nuestra ciudad se impactará con el amor de Dios, y los pecadores regresarán a Dios arrepentidos de sus malos caminos... y entonces, las iglesias, sin importar denominaciones, serán insuficientes para recibir tantas almas... y entonces tendremos que reajustar nuestros servicios, tal vez dos o tres al dia, y cuando esto sea insuficiente, tal vez remodelar el edificio, hacer un segundo piso.... entonces no habrá peleas entre líderes porque los edificios estarán rebosando de gente... imagina... toda una ciudad acudiendo a nuestos servicios.

Pero aun hay más... Dios, sabiendo nuestra naturaleza egoista, no nos dejó a la deriva. Junto con su petición de ser uno, también nos dió la capacidad para hacerlo: "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno."

Si a estas alturas no podemos ver lo que Dios quiere que veamos, disculpame. Pero entonces, estamos siendo demasiado ciegos... y si no podemos entender que solos nunca vamos a poder... entonces estamos siendo demasiado cabezones.

Es hora de dejar de levantarnos el cuello diciendo "yo soy de Pablo, yo soy de Pedro, Yo soy de Apolos"... Y empecemos a decir aquellas sencillas palabras: "Yo solo soy de Jesús".

Si es así, entonces lo único que te importará es que el nombre de Jesús sea exaltado... sin importar a través de quién se haga...

Mientras almas estén siendo salvas... Gloria a Cristo.
Mientras el nombre de Dios se esté diendo a conocer.... Gloria a Cristo.
Si me toman o no me toman en cuenta... no importa, Gloria a Cristo... yo estaré orando solo porque el nombre de Dios sea glorificado. Que a fin de cuentas... el que bendice a profetas, recibe bendición de profeta; el que bendice a pastores, recibe bendición de pastor; el que bendice a evangelistas, bendición de evangelista recibirá.

Así que señores... dejemos de pelearnos por pequeñeces y empecemos a bendecirnos unos a otros que hay una ciudad que alcanzar.