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viernes, 3 de enero de 2014

MEJOR ES LA OBEDIENCIA QUE EL SACRIFICIO

Una vez más, Dios ha usado a mis niños para enseñarme sencillas pero tremendas verdades.

Y Samuel dijo: ¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio...
 1 Samuel 15.22

Obediencia. Palabra de difícil acción.

Puedo verlo en mi pequeño de cuatro años. El es de carácter firme, y prefiere los castigos antes de doblegar su voluntad. Debo confesar que para su padre como para mí ha sido un gran desafío el enseñarlo a obedecer. El se las ingenia casi siempre para ver si se sale con la suya. Pero mamá y papá debemos permanecer firmes. Y no ha sido fácil.

Fue una de esas estresantes tardes cuando Dios me enseñó. Tuve que castigar a mi hijo por haberme desobedecido, cabe mencionar que me encontraba frustrada, hubiera preferido mejor que tan sólo hubiera atendido a mis palabras y se hubiera evitado de todo lo que conlleva una reprimenda. Estaba frustrada y preocupada. ¿Qué si por desobediente mi hijo sale lastimado?

Las reglas que mamá y papá ponen son para protegerlos. ¿Qué si mi hijo no entiende y en su desobediencia sale a la calle sin tener el más mínimo cuidado? Vivimos en una calle muy transitada, eso está siempre en mi mente, por poner sólo un ejemplo.

Pensaba en eso mientras lavaba los platos cuando mi niño llega por detrás, me extiende una hoja de papel y me dice: "toma mami, te dibujé un corazón. Ya no estés enojada conmigo."

¡Claro que lo abracé! Y le expliqué que me encantaban sus regalos, pero que me era más importante que me obedeciera. No quiero que se lastime. Le di un gran beso y contento se fue corriendo a jugar con su carrito de bombero.

Fue cuando el verso de 1 Samuel 15.22 vino a mi mente. Es por eso que Dios prefiere nuestra obediencia. Las reglas que El ha puesto en la Su Palabra (Toda la Biblia, no solo los 10 mandamientos), no son para fastidiarnos. No, al contrario, son para protegernos.

Y pensar que muy a menudo venimos ante El tratando de "comprarlo" con nuestros "regalitos" o "sacrificios" para tratar de "contentarlo" o de "obtener" algo de El, cuando El sólo ha pedido de nosotros OBEDIENCIA.

Dios jamás lo permita, pero, si algún día en desobediencia mi hijo sale corriendo a la calle, No importa cuántos dibujos o regalos me haya hecho ¡no los querré! ¡Yo lo quiero a El sano y sin ningún rasguño!

He ahí la importancia de que mi pequeño aprenda a obedecer desde las cosas más simples y cotidianas, como recoger sus juguetes, hasta las más importantes como permanecer en la banqueta.

Es por eso que Dios pide obediencia antes que sacrificios. No quiere nuestros "regalitos" o nuestras "promesas". El sabe que si desobedecemos (pecamos) puede perdernos para siempre en el lago de fuego eterno.

El pide que le obedezcamos porque El quiere tenernos a "nosotros" siempre a su lado por toda la eternidad.

Martha Martínez,
Enero 2014.






miércoles, 7 de agosto de 2013

Sólo obedecer...

"Esta no era la forma en que yo planeé esto Dios"

¿Te has encontrado a ti mismo diciendo estas palabras? Yo sí.

Y si hay alguien en la historia con el derecho de sentirse frustrado y dirigirse a Dios con estas palabras es justamente José. No, no José el soñador. José el de: "Jesús, María y José", el que al parecer al principio tendría un papel fundamental en las Escrituras, pero que después del pasaje de "Jesús en el templo" lo perdemos de vista.

Imagina a José a 5 días de distancia lejos de su hogar, solo él y María en un establo maloliente,  rodeados de animales, y su amada esposa a punto de dar a luz. Definitivamente esta no había sido la forma en que él había planeado el alumbramiento de su hijo, perdón, del Hijo de Dios.

Después de todo, ¿qué no que fue un ángel quien anunció el nacimiento de Dios en la tierra? Cuando menos toda una cuidad debiera estar festejando este momento, pero no. Solo las estrellas eran testigos de tal acontecimiento.

Pero no era el hijo de José, era el Hijo de Dios y la idea había sido Suya, este proyecto era de Dios. Y las cosas no estaban resultando de la manera que José había pensado. A veces nos hemos llegado a preguntar por qué Dios obra de la manera que lo hace.

José lo cuestionó, pero aunque no lo entendía, hizo lo único que sabía hacer: obedeció. Cuando lo llamó el ángel. También cuando María le explicó. Obedeció cuando Dios lo mandó.

Fue obediente a Dios.
Fue obediente cuando el cielo brillaba.
Fue obediente cuando el cielo estaba oscuro.
No permitió que su confusión alterara su obediencia. No lo sabía todo. Pero hizo lo que sabía: obedecer.

Tu, al igual que José, no puedes ver el cuadro completo. De la misma manera que José, tu tarea es ver que Jesús adentre una parte de tu mundo. Y al igual que José puedes escoger: obedecer o desobedecer. Por haber obedecido, Dios lo usó para cambiar al mundo. ¿Puede Dios hacer lo mismo contigo?

Somos gente común que sirve a un Dios poco común. ¿Servirás aun cuando no comprendas?
Podremos hacernos todas las preguntas del mundo en nuestro caminar con Dios, y tal vez Dios no las responda, pero habrá una pregunta que El jamás dejará de responder. ¿Dios estás conmigo?

Escucha el llanto del bebé en el pesebre. ¿Se interesa Dios?¿Le importamos a Dios?¿Ama aún a sus hijos?

Por medio del pequeño rostro del bebé nacido en el establo dice que Sí.
Sí, tus pecados son perdonados.
Sí, tu nombre está escrito en los cielos.
Sí, la muerte ha sido derrotada.
Y sí, Dios ha entrado a tu mundo.
Emanuel. Dios con nosotros es.

Nota: Adaptación y síntesis del capítulo 1: La oración de José, del libro: Gente común en la manos de un Dios poco común, Autor Max Lucado.