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miércoles, 29 de julio de 2015

Yo y mis berrinches...

Estoy segura que ya lo he dicho antes: soy muy renuente al cambio.

Me encanta la rutina no me molesta en lo absoluto, me hace sentir segura y soy feliz haciendo prácticamente casi lo mismo semana tras semana. No creo que sea de las que se siente cómoda cambiando de ciudad o de ambiente cada tanto, esa no soy yo.

Así que, dicho lo anterior, el fin de semana pasado llega mi esposo y sin más me dice lleno de entusiasmo: "¡He metido a los niños a clase de natación a las 10  de la mañana, comienzan el lunes!"

Se sorprendió al ver mi cara de "Ha ocurrido un desastre". ¿Acaso no sabe él que ya tengo bien planeadas y organizadas mis mañanas? Lo primero que dije fue: ¿por qué en la mañana, acaso no había clases en la tarde? Y en efecto, no había clases por la tarde. Sentí cómo se me hizo un nudo en el estómago, no sé si de coraje o de solo pensar en el calor insoportable de por éstos rumbos que tenemos que soportar al estar a la intemperie (aunque estemos a la sombra).

Tuve que hacer algunos ajustes para no eliminar actividades de mi rutina matutina. Eso implica despertar hora y media más temprano para poder estar en casa a tiempo para dar desayuno, cambiar y llevar a los niños a natación...

Cabe mencionar que mi hijo está más que encantado con sus clases, pero mi niña...

El lunes lloró por media hora hasta que mamá fue a su rescate,
El martes no lloró pero al ser la más pequeña del grupo, el maestro no podía darle una atención personalizada, y por eso se la llevó toda la clase prendida de la orilla de la alberca, salvo cuando el maestro la llamaba para su turno...éstos dos días fueron una pesadilla para mí, cansada, con calor, y frustrada por no ver feliz a mi pequeña, llegaba todos los días molesta a casa, sólo para tomar mis cosas e ir a trabajar a la oficina.

Gracias a Dios nos llamaron para ofrecernos las clases personalizadas y hoy miércoles la historia dio un giro de 180 grados... mi hija al fin estaba igual de contenta que mi hijo de ser un pez en el agua. Ver sus sonrisas hizo que se me olvidaran todos los contratiempos, tomé a mi esposo del brazo mientras mirábamos a nuestros retoños dar sus primeros nados, le miré a los ojos y le di una gran sonrisa como diciendo: "Esta la mejor idea que has tenido".

Estoy segura que le he desconcertado. Pero no importa, sé que así me ama, y yo le amo, nuestros hijos son felices, y yo.... yo debo aprender a no ser tan renuente a los cambios.


Ya no tan renuente,
Martha Martínez de Valle.
Julio 2015

PD: Estoy teniendo problemas para subir fotos... =(







miércoles, 22 de julio de 2015

Seguir aprendiendo...

El fin de semana pasado salí a un viaje rápido al país vecino. No puedo decir que fueron vacaciones, pero así lo tomé. Al ser medre de dos pequeños y ofrecerme la oportunidad de salir y dejarlos con mi esposo por un fin de semana, no me pareció tan mala idea después de todo.

Salir de la rutina me supo a gloria y debo decir que tres días son más que suficientes. Disfrutaba mis vacaciones, pero mi corazón se había quedado en casa. Igual, me decía a mi misma que todo estaba bien, así que me enfoqué en el viaje.

¡Cuánto aprendizaje! Íbamos solamente mi hermano, mi madre y yo. Y de cierta manera, no pude dejar de sentirme un tanto dependiente de mi progenitora. La acompañamos, pues, ella daría unas conferencias para matrimonios, y al verla de lejos, hablar con tanta seguridad y naturalidad, de pronto lo supe... ¡Qué importante es tener un tutor en la vida!

Es muy difícil imitar lo que no se ve. Es muy difícil para un hombre ser un buen padre cuando su mismo padre les abandonó incluso antes de que naciera, no digo que sea imposible, pero lo seguro es que éste hijo sin padre tendrá duros momentos tratando de averiguar cómo ser un buen papá, tendrá que avanzar como un vehículo todo terreno por caminos inexplorados para él, encontrándose con obstáculos a cada momento para poder avanzar y dejar un camino que sus propios hijos puedan seguir.

Algo parecido sucede con los líderes. Para ser un buen líder es necesario tener un buen tutor y la humildad suficiente para estar dispuesto a aprender. Dichosos los que han encontrado a "ese" que esté dispuesto a vaciar en sus seguidores sus conocimientos y experiencias. Y si se es sabio, dichoso aquel que está dispuesto a esperar y aprender de su maestro.

Mirando a mi madre supe que aún tengo tantas cosas qué aprender... No podía dejar de mirarla allá cuando estaba al frente. Tan solo suspiraba aliviada de saber que sigo aprendiendo... ¡Con razón algunas cosas no empezaban a encajar en mi vida! Es tiempo de esperar, observar y aprender... sí, aprender y seguir aprendiendo.



Aprendiendo de la mejor,
Martha Martínez de Valle.
Julio 2015


viernes, 3 de julio de 2015

La arreglada de cabello.

...pues que me he arreglado el cabello.

Recuerdo que antes escribía de cosas más triviales, no importaba el tema, simplemente las palabras fluían; hoy, me cuesta un poco más trabajo hacerlo. No sé, tal vez al fin estoy madurando y las trivialidades ya no son tan importantes.

¿Será que antes era más ingenua? o simplemente tenía una boca muy grande. Puede que la lengua me funcionara más rápido que el cerebro y con mucha más facilidad expresara mis sentimientos. ¿Quién sabe?

Pero me causa cierta gracia ver comentarios de otras pequeñas almas ingenuas hablar de temas como matrimonio cuando no están casadas, o de la sabiduría de la vida cuando ni los treinta han alcanzado, y antes que te molestes conmigo, deja te digo que yo era igual.

Pero la vida se encarga de dar ciertos giros inesperados, y de pronto tu mundo tal cual lo conociste se vuelve un terreno inexplorado.

Creo que cuando somos demasiado jóvenes, somos a menudo arrogantes como para esperar a aprender algunas cosas... pero la vida es excelente maestro, ella se encarga de enseñarnos un par de cosas, o tal vez tres. Si esperas un poco, te darás cuenta que hay cosas más adelante en el camino, y que era mucho más fácil hablar o escribir de ello, que vivirlo.

Es como si aprendiéramos primero la teoría, pero llega el momento de poner todo en práctica, y ahí es donde sale a flote qué tan buenos estudiantes fuimos... pero no hay de qué preocuparse, en la vida no hay reprobados, solo personas recuperando sus materias. Tendremos que repetir una y otra vez el tema hasta que lo dominemos, y una vez logrado, somos promovidos al siguiente nivel.

Es cíclico... cuando creías haber dominado el arte de vivir, el nuevo nivel trae nuevos retos, nuevos demonios y gigantes a vencer. Habrá que tomar aire nuevamente y emprender la lucha otra vez...Sí, otra vez.

Es simple, no hay mucho que filosofar. Pero en un mundo en constante cambio, vale la pena detenernos a pensar: "¿Qué es lo que he aprendido a lo largo del camino?". Si puedes mirar hacia atrás y recordar a quiénes en algún momento te ayudaron, lo has hecho bien; si no es así, no has aprendido lo fundamental y estás en grande riesgo. La ingratitud te vuelve ciego.

Estoy aprendiendo a apreciar éste nuevo terreno, ¡Oh! ¿Qué si me ha costado trabajo? Claro que sí, pero estoy empezando a agradecer todo lo aprendido. Y de pronto, me encuentro en mi nueva "normal", y ya no me incomoda, es lo cotidiano y me siento bien.

Las visitas al salón de belleza no son tan fundamentales como antaño: ropa limpia, cambiar pañales y tener cena temprano le han sustituido... pero hoy fui a arreglarme el cabello, y se siente bien, no lo niego; pero mejor se siente saber que "algo" he aprendido a lo largo del camino.

En nuevos terrenos,
Martha Martínez de Valle.
Julio 2015





viernes, 17 de octubre de 2014

Qué mañana!!

Anoche me dormí a la 1.00 a.m. porque mi niña no tenía sueño... sólo dos horas después se despierta llorando pidiendo agua, así que tuve que levantarme, darle su vaso y no recuerdo mucho después de eso.
Sonó el despertador a las 6.00 am, no pude levantarme, sonó a las 7, consideré por un momento el que mi niño no fuera a la escuela, pero recordé la carita de alegría con la que llegó el miércoles cuando les dijeron que hoy viernes tendrían su clase de cocina y les enseñarían a hacer galletas. Hice un esfuerzo, me levanté y comenzó mi día...

Poco sabía de los pequeños detalles un poco complicados con los que me enfrentaría. Al estar guardando los libros de mi hijo en su mochila, me doy cuenta que no había visto una invitación de cumpleaños para hoy, la tercera en la semana.... me sentí frustrada. "Tendré que ir a comprar otro regalo"- pensé.

- ¿Mamá, ¿compraste los ingredientes que me pidieron para hacer las galletas?
- No, pero ahorita que te deje en la escuela voy por ellos y te los dejo de vuelta.

Mi hijo no quedó muy convencido.

Al ir de camino, un carro no respetó el alto y casi chocamos. Gracias a Dios por los reflejos, y de verdad me siento realmente agradecida, si recuerdas, mi condición no era la más favorable: desvelada, desalineada, sin celular (para llamada de emergencia) y con sólo media taza de café en mi sistema.

Al llegar mi hijo nota que sus compañeros llegan con regalos en las manos.
- Mamá, yo no llevo regalo.
- Si amor, ahorita voy por el y te lo traigo.

Otra vez, no quedó muy convencido.

Me fui a buscar lo prometido, al llegar a las cajas, sólo dos estaban funcionando. Una tenía unas tres personas delante de mi y la otra, únicamente una, así que me fui por la segunda.

Hay una cosa que no logro entender. No importa cuál caja escoja, casi siempre me toca que hagan el corte. Terminaron de atender a la persona delante de mí, y la cajera empezó a hacer esos peculiares movimientos de rutina: "No, no, no, no, no, noooo...... no haga el corte"- pensé.

Quedé atorada entre la cajera que hacía el corte y otras tres personas que ahora estaban detrás de mí...tuve que esperar a que terminara, y mientras tanto pude ver como se iban  una a una las personas que hubieran estado delante de mí, de haber escogido la otra caja. Gracias a Dios la cajera fue muy amable y eso compensó el tiempo de espera.

Llego a la escuela y me estaciono a pocos metros de la entrada. Error.... Estoy segura que casi todos me vieron envolver el recién comprado regalo dentro del auto. "Soy una pésima madre"- no podía dejar de pensar, mientras cortaba con mis dientes la enmarañada cinta y pegaba el moño y miraba a otros niños llegar con con sus regalos ya envueltos en las manos.

Bajé del auto con regalo e ingredientes para galletas en la mano y se los entregué a la profesora. Fue ahí dónde me dí cuenta que no me había maquillado, no me había puesto los zapatos sino unas sandalias, estaba despeinada y en pocas palabras, toda desparpajada.

Todo el camino de regreso me pregunté ¿cuándo dejaré de ser tan desorganizada?... salgo de todos mis compromisos con mi peculiar des-organización... supongo que así soy yo.

Al fin, después de una hora y diez minutos llego a casa. Al estar abriendo la puerta pasa un carro y de el se escuchaban salir unos alaridos, los identifiqué bien, recordé haber escuchado algo igual hace algunos años cuando visitábamos a una familia que tenían a un hijo "especial" que no podían controlar. "No te vayas a asustar con sus gritos"- me dijo mi madre en aquel entonces.

Agradecí a Dios que mis mañanas no son tan complicadas como las de muchos allá afuera. Agradecí todo lo que me ha dado y admiré aún más a todos aquellos padres que como yo, se levantan temprano, aunque no quieran hacerlo, atienden a sus hijos, les llevan a la escuela en transporte o a pie, y después se van a trabajar ocho horas diarias para darles los pequeños o grandes lujos que se puedan permitir; y más aún, admiré y aplaudo la tenacidad y fortaleza que tienen esos padres para dar a sus hijos con necesidades especiales toda la atención y cuidados que ellos necesitan.

No, mi mañana no fue tan complicada. No, no soy tan mala madre, y no, no voy a permitir que unos cuantos detalles arruinen el resto del día... así que entré directo a la cocina y me preparé mi desayuno junto con una gran taza de café.

Bendiciones!!
Martha Martínez de Valle
Octubre 2014.




viernes, 3 de enero de 2014

MEJOR ES LA OBEDIENCIA QUE EL SACRIFICIO

Una vez más, Dios ha usado a mis niños para enseñarme sencillas pero tremendas verdades.

Y Samuel dijo: ¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio...
 1 Samuel 15.22

Obediencia. Palabra de difícil acción.

Puedo verlo en mi pequeño de cuatro años. El es de carácter firme, y prefiere los castigos antes de doblegar su voluntad. Debo confesar que para su padre como para mí ha sido un gran desafío el enseñarlo a obedecer. El se las ingenia casi siempre para ver si se sale con la suya. Pero mamá y papá debemos permanecer firmes. Y no ha sido fácil.

Fue una de esas estresantes tardes cuando Dios me enseñó. Tuve que castigar a mi hijo por haberme desobedecido, cabe mencionar que me encontraba frustrada, hubiera preferido mejor que tan sólo hubiera atendido a mis palabras y se hubiera evitado de todo lo que conlleva una reprimenda. Estaba frustrada y preocupada. ¿Qué si por desobediente mi hijo sale lastimado?

Las reglas que mamá y papá ponen son para protegerlos. ¿Qué si mi hijo no entiende y en su desobediencia sale a la calle sin tener el más mínimo cuidado? Vivimos en una calle muy transitada, eso está siempre en mi mente, por poner sólo un ejemplo.

Pensaba en eso mientras lavaba los platos cuando mi niño llega por detrás, me extiende una hoja de papel y me dice: "toma mami, te dibujé un corazón. Ya no estés enojada conmigo."

¡Claro que lo abracé! Y le expliqué que me encantaban sus regalos, pero que me era más importante que me obedeciera. No quiero que se lastime. Le di un gran beso y contento se fue corriendo a jugar con su carrito de bombero.

Fue cuando el verso de 1 Samuel 15.22 vino a mi mente. Es por eso que Dios prefiere nuestra obediencia. Las reglas que El ha puesto en la Su Palabra (Toda la Biblia, no solo los 10 mandamientos), no son para fastidiarnos. No, al contrario, son para protegernos.

Y pensar que muy a menudo venimos ante El tratando de "comprarlo" con nuestros "regalitos" o "sacrificios" para tratar de "contentarlo" o de "obtener" algo de El, cuando El sólo ha pedido de nosotros OBEDIENCIA.

Dios jamás lo permita, pero, si algún día en desobediencia mi hijo sale corriendo a la calle, No importa cuántos dibujos o regalos me haya hecho ¡no los querré! ¡Yo lo quiero a El sano y sin ningún rasguño!

He ahí la importancia de que mi pequeño aprenda a obedecer desde las cosas más simples y cotidianas, como recoger sus juguetes, hasta las más importantes como permanecer en la banqueta.

Es por eso que Dios pide obediencia antes que sacrificios. No quiere nuestros "regalitos" o nuestras "promesas". El sabe que si desobedecemos (pecamos) puede perdernos para siempre en el lago de fuego eterno.

El pide que le obedezcamos porque El quiere tenernos a "nosotros" siempre a su lado por toda la eternidad.

Martha Martínez,
Enero 2014.






viernes, 11 de octubre de 2013

Bebé enfermo...

Cómo me quejo de lo cansada que termino después de cuidar a mis dos tesoros.

La "gorda", como le decimos de cariño, ama las alturas y me la llevo bajandola de cuanto mueble puede treparse. Gracias a Dios hasta ahora no se me ha caido ni golpeado.

El "niño" está en esa étapa en la que no quiere compartir sus juguetes, y entre llantos de "no, deja que eso es mío!!", lloriqueos de la beba porque su hermano no la deja participar del juego, de gritos: "David Nicolás cierra ese refrigerador, "Martha Adaiah, bájate del escritorio de papá", "No se acerquen a la estufa", "Comparte tus juguetes", "No jueguen con el agua", etc, etc... Termino rendida. Y eso es todo los dias y a veces un poquito más.

Así es, Yo sabía que en el paquete de la maternidad no venían las instrucciones, pero nadie me dijo que tampoco añadían la paciencia, esa uno tiene que encontrarla a cómo de lugar.

Pero esta semana ha sido diferente, desde el domingo mi niño empezó con un resfriado y tos. No me había preocupado porque no había temperatura, pero la madrugada del miercoles nos despertó su fuerte tos. Se me hizo eterno hasta la mañana para llevarlo al doctor. Antibióticos, antiestáminicos y desinflamatorios. Bueno, todo bien hasta anoche. Anoche comenzó la temperatura. ¿por qué todo lo referente a enfermedades tiene que suceder entre dos y tres de la mañana?

Otra vez, se me hizo largo para que amaneciera. Llamé al doctor. Paracetamol y naproxeno añadidos al coctel de medicamentos. Gracias a Dios su ánimo estuvo intacto todo el día. Jugó y pedía mi compañía. Se alegró al ver que mandé pedir pizza, ¿Qué otra cosa puedo hacer para alegrarle el día a un inquieto niño de casi cuatro años al que se le ha prohibido salir? Pizza y caricaturas fue nuestra cita de esta noche. Cabe mencionar que mi esposo y mi niña salieron con su abuela. Así que esta tarde fue sólo para nosotros dos. Y la disfruté entre risas y chequeos de temperatura.

Ahorita él duerme. Y aunque sé que tiene que descansar, no me agrada verlo tan pasivo. Prefiero verlo brincar y negarse a ir a la cama. Prefiero regañarlo porque es tarde y que me responda que mañana no tiene que ir a la escuela.

Mi corazón se me hace chiquito. Oro, oro mucho por su pronta recuperación, oro por un milagro. Después recuerdo que él está en manos de Dios y que tal vez exagero un poco, es sólo un resfriado. Ah, pero cómo deseo dar mi salud por la de él.

Cómo se aman estos pequeños pedazos de carne. Nunca imaginé poder amar tanto a una personita. Deposito en él mis más grandes deseos para su vida. Lo pongo en manos de mi Fiel Dios, y espero, tan solo espero a que llegue otra vez el tan añorado amanecer...


domingo, 21 de abril de 2013

Mi café...

Dos semanas estresantes... Tantas preguntas sin respuesta, y dos chiquitines demandando toda mi atención.

Desde un "mira mami que mi hermanita no me deja", hasta, " mami, ¿me enseñas a jugar pin-pon?" Y mi taza de café se enfría...

Corre el tiempo y debo correr junto con el... Porque las fieras no esperan.

Feroces mis anhelos, debo esperar, y al mismo tiempo correr. Lo más próximo que puedo hacer es suspirar y tratar de saborear los placeres que una galleta de chispas de chocolate sabe dar, ¿o debiera decir dos o tres galletas?

Igual, suspiro, saboreo, sorbo mi taza de cafe que es sólo para mí y que al parecer por el momento es lo único que puedo controlar, hasta que una vocesita me interrumpe: "¿me das café mamá?...

Corrijo... Me iré a lavar platos, que al parecer es lo único que puedo controlar.....

Ahora ninguna voz se escucha.

miércoles, 3 de abril de 2013

El lavadero

Ya mi niño tiene 3 años. El tiempo pasó corriendo, y él crece aún más rápido que eso.
Anoche salí apresurada al área de lavadero, dicho de paso, área que mi niño sabe tiene restringida por los peligros de los detergentes, blanqueadores, químicos, etc., y dejé la puerta entre abierta. Fue menos de dos minutos, pero al querer entrar entre las prisas, al poner mi mano en el dintel, el portazo!! Mi hijo con todas sus fuerzas habia cerrado la puerta y me agarró los dedos a la altura de los nudillos. Vi estrellas, la luna y los planetas!! Subió el furor, se asomaron unas lágrimas, pero las contuve más por orgullo, ya que el dolor era considerable.

Regañé a mi pequeño de forma nada ortodoxa, él se echa a llorar y entre sollozos me dice: " Es que la cedé pada que mi hedmanita no se salieda". Al instante me tragué el dolor, el orgullo y ahora sí,las lágrimas rodaron. En su infantil mente él estaba protegiendo a su hermanita de los "peligros del lavadero". Lo tomé en mis brazos, lo abracé lo más fuerte que pude y lo besé tántas veces hasta calmar su llanto. Le dije: " mi amor, pérdona a mamá, le dolió mucho su mano por eso levantó mucho su voz"... Con su tierna voz de niño me contesta: " si mamá, pelo no lo vuelvas a haced, tú debiste cedad la puedta".

Mi pequeño tenía toda la razón. Está creciendo más rápido de lo que creía, a su tierna edad ya muestra señales de madurez, y enseña a mamá las más bellas lecciones de vida. Nunca imaginé tener a tan bello maestro en mi hogar. Me sorprende ver en él éstos destellos tan perfectos, a pesar de los defectos de su siempre apresurada mamá.