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lunes, 26 de agosto de 2019

...Pero aprendimos el temor


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¡Hoy mis dedos quieren escribir! Y eso me hace muy feliz.

No hace mucho leí un libro de la Dra. Caroline Leaf donde dice que: "fuimos programados para el amor, pero aprendimos el temor".

Basta con ver la cara de un infante durmiendo para darnos cuenta que refleja una paz inexplicable ¡Ni qué decir de sus sonrisas!Y pensar que así fuimos alguna vez en nuestra vida, pero en alguna parte del camino, "algo" o "alguien" nos atrofió y aprendimos a tener temores, y la paz se esfumó y las sonrisas disminuyeron, en algunos casos, ya no volvieron.

Pero ese no era el plan original para nosotros. Igual, aprendimos a sobrevivir con el corazón herido, levantando defensas y muros a nuestro alrededor, en un débil intento para no permitir que aquello que nos lastimó vuelva a suceder...

Por eso, los contratos, los acuerdos ante notarios públicos, pagarés, etc... ¿Será que como humanos no somos confiables? Puede que sí, puede que no. Lo cierto es que el ser humano es complejo.

"Hombre de verdad ¿Quién lo hallará?" dice la Biblia. Al parecer Dios conoce nuestro corazón.

Es que, nos es tan fácil prometer, pero luego nos olvidamos de lo prometido, y con un "perdón" o "lo siento mucho" queremos solucionar las cosas y que sean como antes, pero ¡es imposible! Y te habla alguien que cree ciegamente en el poder del perdón. Pero aunque haya un: "borrón y cuenta nueva", las cosas difícilmente serán como antes. Mi consejo es: evita aferrarte a que las cosas sean como solían ser, mejor inicia desde cero a partir del momento de la reconciliación y tal vez, tal vez... te sorprenda que todo sea mucho mejor de lo que antes tenías.

TD Jakes dice: "Todos tenemos el derecho de decir ´¡Basta!´, pero hay un grave peligro en no perdonar a quien está realmente arrepentido".

Y creo que me he desviado un poco del tema... pero volvamos a lo nuestro, la cuestión es: cómo confiar; ¡¿Cómo?! cuando somos tan frágiles, incluyendo nuestras promesas.

¡Bendita Palabra de Dios que nos brinda luz en medio de la oscuridad! Justo en el centro de toda la Biblia... como si a propósito Dios dijera que debe ser el centro de nuestro vivir, se encuentra un verso, que a mi ver, deberíamos enmarcarlo y colgarlo en las paredes de nuestro hogar:

Salmo 118:8 "Mejor es confiar en Dios, que confiar en los hombres". (RVR 1960)

La versión (RVC) dice:: "Mejor es confiar en Dios que en los simples mortales".
Y la versión (TLA) cita: "Mejor es confiar en Dios que en gente importante".

Así que, ya sea que ese "alguien" sea un simple mortal o sea alguien muy importante, Dios nos dice que confiar en el hombre (y aquí me refiero a la raza humana, no quiero meterme en líos feministas o patriarcales) no es la mejor decisión que podemos tomar.

Y es que, al confiar en Dios, nos llenaremos de esa tan añorada paz que teníamos cuando eramos niños. Esa paz planeada en el diseño original.

¿Por qué es mejor confiar en Dios? Porque la Biblia dice que "El es el mismo de ayer, de hoy y por siempre", que en Dios "no hay sombra de variación", que "Si El lo dijo, El lo hará", que "El no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta".

En mi experiencia, han sido los días turbulentos y los giros inesperados de la vida los que me han hecho tambalear, dudar de todo y de todos, ¡hasta de mi misma! Pero una y otra vez, he regresado a estas "frases" a estas "promesas" escritas en el sagrado Libro, que me dan estabilidad, seguridad, confianza y que me he llenado de una inexplicable paz.

"Fuimos programados para el amor, pero aprendimos el temor". Y el temor se ha hecho un amo y señor... ¡un verdugo para muchos! Insomnios, sudando en frío, bocas secas, un constante estado alarma, escalofríos, mentes nebulosas y terrores nocturnos... esos no estaban en el plan.

Pero si hacemos del centro de nuestra vida, el verso del centro de la Biblia... "Mejor es confiar en Dios que en los hombres"... Y descansas en Aquel que tiene el poder para cambiar tu situación en un instante... La paz llegará. Tus niveles de estrés se normalizarán, volverás a dormir, a disfrutar, a sonreír... ¡paz! tendrás nuevamente paz.

Confiando en Dios en el día a día,
Martha Martínez de Valle.
Agosto 2019.


















lunes, 13 de octubre de 2014

Perdonar lo imperdonable (Parte II)

Fue un proceso. Y se hizo largo por negarme a perdonar. Pero una vez que lo hice, todo marchó por sí solo.

"Nunca estaremos limpios mientras no confesemos que estamos sucios. Nunca alcanzaremos la pureza mientras no admitamos nuestra inmundicia. Y nunca podremos lavar los pies de quienes están heridos mientras no permitamos que Jesús, aquel que hemos herido, lave los nuestros.

Este es el secreto del perdón. Nunca podrás perdonar más de lo que Dios ya te perdonó. Sólo permitiendo que te lave los pies podrás lavárselos a otros.

¿Difícil de concebir? ¿Difícil de considerar la posibilidad de perdonar a quién nos ha herido? Si es así, ve a la habitación donde está Jesús con sus discípulos. Y Jesús inclinado con una toalla y una bandeja de agua lavando los pies de cada uno de ellos. ¿Puedes verlo? ¿Puedes oír el chapoteo del agua? ¿puedes oírlo mientras se arrastra hasta la siguiente persona? Bien, conserva la imagen.

Juan 13.12 "Después de lavarle los pies..."

Debes notar que terminó de lavarles los pies. Eso significa que no se le escapó ningún discipulo. ¿por qué es tan importante eso? Porque eso significa que también le lavó los pies a Judas. Jesús le lavó los pies al traidor. Lo trató igual que a los demás. En unas pocas horas más, los pies de Judas guiarán a la guardia romana hasta donde estaba Jesús. Pero en ese momento, el Señor los acaricia.

Digamos que no fue fácil para Jesús
Digamos que no va a ser fácil para nosotros.
Digamos que Dios nunca nos pedirá hace algo que El ya no haya hecho".


Max Lucado (El Trueno apacible)

Quise que leyeras este extracto de uno de mis autores favoritos, porque mejor yo no podría habértelo explicado.

Desconozco el motivo de tu dolor, pero conozco a Aquel que puede sanarlo, pues a mí me sanó. Para algunos la sanidad vendrá al instante, a otros como yo, será un proceso nada fácil, pero te puedo asegurar que al final serás libre de todo resentimiento, odio y rencor.

Te repito, en tus fuerzas será imposible, así que por favor, busca a Dios. No busques una religión, ella no te ayudará, busca de Dios en su Palabra, la Biblia. Experimenta el perdón que sólo El te puede dar, y entonces entenderás por qué muchos han sido capaz de "perdonar lo imperdonable".



Bendiciones!!!
Martha Martínez de Valle,
Octubre 2014.

Lectura relacionada para aprender a perdonarse a uno mismo:
Es sábado!! La vida es demasiado corta para vivir pensando en el ayer

Perdonar lo imperdonable...(Parte I)

Prometí escribir acerca de perdonar lo imperdonable, y heme aquí. No sé por dónde empezar, pues hay tanto que escribir sobre el tema, incluso libros enteros se han escrito para ayudar al alma que desfallece destrozada por la traición, a ayudar a perdonar. Recuerdo un par de libros en la librería personal de mamá... y yo aquí tratando de aportar mi "granito de arena".

No soy experta, aclaro. Así que compartiré unas cuantas cosas que recopilé de aquí y otras tantas de allá junto con un poco de mi propia experiencia a lo largo de mi corta vida. (sí, aun creo que es corta).

Generalmente hay un común denominador en todas aquellas personas que hemos sentido el aguijón de la traición: "No era justo", "¿por qué a mí?" y una serie de emociones y más preguntas que envuelven a este par que casi nunca tienen respuesta. Ahh, sin olvidad nuestro enojo contra Dios.

Incluso tengo dos escritos: "Virtud" y "Lo que yo creía" que escribí justo en medio de un torbellino de sinsabores. También pasé por todo ese duro proceso que los expertos llaman "Ciclo de duelo" (negación, enojo, negociación, depresión y aceptación). ¡Claro que es un duelo! pues existe a lo largo del trayecto, la sensación de muerte. Muerte de la confianza, la esperanza, la felicidad, los sueños etc. según sea el caso de cada quién. Si estás pasando por un periodo de dolor por el descubrimiento de una traición, o por algún inesperado acontecimiento, sólo quiero que sepas que te puedo entender.

Tengo una madre que siempre me dice: "Todo es perdonable". Y si hay alguien que te puede aconsejar por ser experta en la materia, es ella. Así que te pasaré algunos de sus sabios consejos. El primero es: "No hay nada imperdonable"... y me enojaba cada vez que me lo decía, pues creía que mi dolor era único y que a nadie le habían lastimado más que a mí (Cosa que era mentira, porque ahora al ver hacia atrás, mi experiencia bien pudo ser peor, pero no lo fue) En el momento no comprendía, es que el dolor ciega e inmoviliza e incapacita el pensar. Se vuelve uno irracional. Pero una vez aclarada la mente, puedo ver que sus palabras tienen mucha razón, he sabido de personas que han perdonado incluso al asesino de sus hijos o sus cónyuges, al violador, al infiel, y la lista se puede hacer larga.

Sí, creo que mamá tiene razón, "Todo es perdonable" cuando el corazón está en la correcta posición. El mismo Jesús en medio del dolor perdonó a quienes le crucificaban, "perdónales, no saben lo que hacen"...

Pero hay quienes sí saben lo que hacen y jamás vienen a pedir una disculpa, y nos dejan con la sensación de que la vida está en deuda con nosotros. Nos dejan moribundos revolcándonos de dolor en el suelo,en un charco que, gracias a Dios no es de sangre, pero sí de las mil y un lágrimas que nosotros mismos tuvimos que secar porque no hubo nadie a nuestro lado para sacarles...Y tuvimos que vendar nuestras propias heridas.

Tengo que ser honesta contigo, es imposible perdonar en nuestras fuerzas. Nuestro corazón no está capacitado a hacerlo, a menos que (como te decía anteriormente) esté en la posición correcta, y esa posición es "Lleno del amor de Dios". Pues nadie puede dar lo que no se tiene. Si vienes a mí y me pides prestado un millón de dólares porque los necesitas para una operación de vida o muerte de alguno de tus familiares, aunque quisiera con todo mi corazón dártelos, no podría, pues no poseo esa cantidad (ahora ya lo sabes, se aceptan depósitos y donaciones jajaja, no se crean)

Volviendo a lo nuestro, si quiero perdonar, necesito saberme perdonado. Y estoy consciente que hay personas allá afuera pensando que no son ellos quienes necesitan el perdón, que ellos no hicieron mal a nadie, al contrario. Pero déjame decirte, al recibir perdón y perdonar, el mayor beneficiado eres tú.

"...cuando odias a tu enemigo, se cierra la puerta de una prisión, y un prisionero es capturado. Pero cuando tratas de comprender y liberas a tu adversario de tu odio (cuando perdonas) entonces el prisionero es liberado, y ese prisionero eres tú" - Max Lucado (Escrito: Y los ángeles guardaron silencio)

Y la ecuación se ve sencilla, pero en realidad es mucho más complicada en la práctica. "¿Quieres aprender a perdonar? Entonces piensa en todas las veces que has recibido perdón" (Max Lucado)

"Más bien sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo". (Efesios 4.32)

El perdón, al igual que el amor, es una decisión. Si quieres una relación para "toda la vida", tendrás que decidir "amar" aunque haya días en que no sientas hacerlo. "En salud y enfermedad, en riqueza o pobreza..." ¿lo recuerdas?... Y ¡no es fácil amar cuando no sientes hacerlo! pero sus frutos bien vale la pena cosecharlos. Lo mismo sucede con el perdón. No es fácil perdonar, pero si quiero una vida física y emocionalmente saludable, tendré que hacerlo. Dicen los que saben que la raíz de muchas enfermedades radica en la falta de perdón (créeme, puedes buscar esa información en Internet.)

Yo quiero estar sana. Literalmente podía sentir cómo toda esa bola de emociones tóxicas infectaban mi sistema. De pronto sufría de insomnios y otras de dormir de más, dolores sin explicación alguna; literalmente me estaba enfermando, hasta que decidí tomar la decisión más horrenda y mejor de todas: perdonar a mi adversario.

Y es curioso, porque estoy segura que esa persona ni idea tenía de todo por lo que yo estaba pasando. Pero recordé todas las veces en que yo fui perdonada, y tuve que extender ese perdón incluso cuando no sentía hacerlo. Fue una decisión consciente, no emocional. Y conscientemente decidí elevar una oración apenas audible donde mencionaba a cada persona nombre por nombre y les decía: "Te perdono. No en mis fuerzas, sino en las fuerzas y el amor de Jesús que vive en mi, te perdono"..

No fue inmediato, pero fue el primer paso que abrió la puerta de mi prisión.



Continúa....Perdonar lo imperdonable (Parte II)

sábado, 6 de septiembre de 2014

Es sábado!!... la vida es demasiado corta para vivir pensando en el ayer

Bien, al fin es sábado!! Cada lunes vivo esperando este día. Es cuando puedo levantarme un poco más tarde, no tengo que bañar niños para ir a la escuela ni preparar uniformes y "lonches",  es más, ni siquiera tengo que preparar el desayuno. "Cuquita" sabe que este día ella nos consciente... así que "amo" los sábados!!

No sé, pero amanecí de muy buen ánimo. De esas veces que te despiertas y tienes el presentimiento que algo "muy bueno" está por venir.... ¿quién sabe? tal vez sea solo un pico emocional, o tal vez, algo se avecina.

Es curioso, porque.... es así como se supone que debiéramos amanecer cada día, dice la Biblia que "las misericordias de Dios son nuevas cada mañana", osea que, "borrón y cuenta nueva", los errores u horrores del ayer allá se quedan, en el pasado.

Y halando del pasado... hay un par de cosas que quiero decir, ya que la vida es demasiado corta como para desperdiciar cada día pensando en el "ayer".

Si bien hubo decisiones que tomamos, (estoy hablando de aquellas malas decisiones que ahora nos arrepentimos), ya no hay nada que podamos hacer al respecto, salvo pedir perdón si es que herimos a alguien, perdonarnos a nosotros mismos por nuestro egoísmo o bien ignorancia, y pedir perdón a Dios pues es el único que puede sanar las heridas del alma y darnos la fuerza para lidiar sabiamente con cada una de las consecuencias.

Y están aquellas otras cosas de las cuales no tuvimos el control. Sucesos que nos marcaron y que amenazan nuestra vida presente... la verdad, es que no hay culpables, y si hay alguien a quién reclamar no es a Dios, sino al enemigo de nuestra alma, "el diablo"... y antes de que te rías y digas que aun creo en "santa Claus", es el diablo el que "viene a matar, robar y destruir".. no es esa caricatura graciosa con cola y cuernitos que nos han pintado, él realmente quiere nuestra destrucción y empieza a trabajar desde temprano en nuestras vidas, en nuestra infancia. De ahí que haya sucesos que no estuvieron bajo nuestro control, de ahí que haya tantos abusos de todo tipo contra los más indefensos: los niños.

Y existe un niño o niña aún dentro de nuestro ser, que de una u otra forma fue marcado(a) al que debemos sanar. Y decirle que no fue su culpa, fueron sucesos en la vida fuera de su alcance, maquinadas por un ser diabólico y despreciable, perpetradas por seres humanos egoístas e ignorantes... pero esas cuestiones donde fuiste simplemente una víctima y que no pudiste hacer nada al respecto, no fueron tu culpa, así que déjalas ir.

Suelta aquella mala experiencia y atesora el aprendizaje, ya que "todo lo que hasta ahora has vivido, te ha preparado para este tiempo". No permitas que el pasado te destruya, perdona lo que pasó, perdona al agresor, incluso perdona a Dios si es que sientes que estas resentido con él porque permitió que sucediera. El no se enoja si te molestas, él entiende que en nuestras mentes finitas no comprendemos el porqué de nuestro sufrimiento. Pero en su mente infinita Él sabe que a través de todo "eso" se ha forjado tu carácter. Así que Él entiende.

Gracias a "aquello" eres más fuerte, menos confiado, más humilde y misericordioso, pues has estado donde se lloran lágrimas de sangre y ahora puedes comprender al que sufre... No menosprecies tu pasado, ni te avergüences de el... simplemente suéltalo y perdona, siempre perdona. Entre más rápido aprendas este difícil arte, más rápido verás la luz al final del túnel de los remordimientos y de los "¿por qué?" y podrás entonces levantarte una mañana y creer que algo bueno está por suceder.

El peso se caerá de tus hombros, de tus pensamientos y de tus emociones. Podrás volver a amar y sonreír, mirar atrás y agradecer cada momento vivido, pues ellos te forjaron y podrás amar a Dios porque desde esta nueva perspectiva de agradecimiento podrás darte cuenta que jamás estuviste solo(a), El estuvo siempre a tu lado, es solo que no te dabas cuenta, porque el dolor ciega... pero ahora puedes ver, y como leí en alguna parte, "ponerte los lentes de sol, porque el futuro ahora se ve brillante".

Es sábado, voy a vivirlo agradecida y con alegría. Pronto llegará el lunes otra vez, pero tendré fuerzas para comenzar de nuevo, olvidando lo que quedó atrás y extendiéndome hacia lo que está adelante.



Así que, ¡Feliz fin de semana!
Martha Martínez de Valle,
Septiembre 2014.

jueves, 12 de junio de 2014

Liberarse a uno mismo...

Hay corazones tan heridos que para protegerse a ellos mismos han levantado murallas, pero al mismo tiempo que mantienen a todos a raya se han aislado de medio mundo, y comúnmente solemos catalogarlos como malos. Pero incluso ellos en lo más recóndito, escondidos entre los recuerdos de la juventud albergan un atisbo de bondad.

Una bondad que a duras penas sobrevive, alimentada de imágenes y momentos vividos un millar de años atrás, o que al menos, así pareciera ser.

Pareciera que han pasado más de mil años desde la última vez que la ilusión iluminaba con una pícara sonrisa los rostros sin arrugas de los que ahora palidecen sin motivación y esperanza alguna.

¿Cómo se vive cuando pareciera que la vida misma se te ha ido? algunos se aferran a los recuerdos de lo que pudo haber sido. Mismos que lentamente carcomen los huesos; recuerdos y secretos muy bien guardados que enferman el alma, que deterioran el cuerpo.

Luchas internas por querer gritar a los cuatro vientos el dolor que se carga dentro, forcejeo por callar aquello que puede destruir lo que por años se ha construido. Una lucha interna que poco a poco envenena los tiempos, impidiendo así disfrutar de lo bello que aún se posee. Y digo "aún" porque incluso aquello que se tiene, con ésta actitud, se ve amenazado por perderse.

Y así es la vida, sin sabores y sin ilusiones, de aquel que ha decidido vivir una "pantalla", de aparentar ser lo que no se es. Sonrisas fingidas y sonoras carcajadas que son el envoltorio de un corazón doliente...

¿Qué hacer para liberarte del dolor? Lamentablemente nadie más puede hacer nada. Es una decisión personal, el remover las cenizas, el descender a lo más profundo de los recuerdos y despertar demonios dormidos que de tanto en tanto atormentan el alma. Es tener que abrir esa puerta del calabozo donde mantenemos prisioneros a aquellos que de alguna manera nos lastimaron al prometer e ilusionarnos, pero que luego se olvidaron. Es perdonarse una y otra vez por haber dejado atrás a aquel que de verdad nos amó pero que jamás volvimos la mirada al momento de marcharnos.

Liberarnos implica estar dispuestos a revivir esos momentos críticos, y volver a mirar a la cara a aquel que se burló de lo más preciado que poseíamos, mirarle y decir: "Te dejo salir". Es dejar salir de nuestro corazón a todos aquellos que manteníamos prisioneros, al mismo tiempo, que nos deleitábamos en venganzas imaginarias, sin saber que el principal afectado, torturado y machacado eramos nosotros.

"Sal por favor", decir en una frase decisiva que nos libere de una vez por todas del peso del ayer, para mirar hacia delante, encender la luz y re-decorar ese rincón de oscuridad y hacerlo un lugar de paz. Incluso la tierra necesita de "abono", de desechos orgánicos y mal olientes para volverse a nutrir y dar las mejores cosechas.... deja que toda podredumbre vivida abone y nutra tu alma para dar a luz lo mejor de ti.

Después de todo, por ahí dicen que la mejor de las venganzas es el olvido. Y no es por vengarse, sino liberarse, así que, olvida al agresor, olvida al viejo amor, olvida al traidor, olvida al que prometió.... olvida, ¡de verdad olvida! derriba tus murallas y camina hacia adelante.

¿Existe el riesgo de volver a ser lastimado? Claro que sí, pero bien valdrá la pena intentarlo por volver a tener una sonrisa genuina  y un corazón alegre otra vez.

"Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
—Señor, ¿cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
—No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete."

70 veces 7 no es igual a "70x7"....

70 veces 7 es 7 elevado a su 70 potencia

7^70 es aproximadamente 1,43 *10^59 

Viene a ser 1.430 por 55 ceros detrás...

En otras palabras, perdonemos SIEMPRE, de la misma manera que Dios perdona nuestras faltas.


miércoles, 7 de mayo de 2014

Hombre (y mujer), él te ha declarado lo que es bueno,
lo que pide Jehová de ti:
solamente hacer justicia,
amar misericordia
y humillarte ante tu Dios. 
Miqueas 6.8

Tres cosas pide Dios de nosotros. Y quiero enfatizar que jamás nos las hubiera pedido si primero no nos hubiera dado testimonio.

Hay varios ejemplos en la Biblia, pero hoy sólo mencionaré a David el salmista.

Este hombre maravilloso, valiente, de buen parecer, vanguardista, creativo, fuerte guerrero y aún así lo suficientemente sensible como para escribir poesía, y el único hombre al cual se refieren como "conforme al corazón de Dios", fue capaz de cometer atrocidades. Así es, codició, adulteró, mintió y finalmente asesinó. (2 Samuel 12)

Si tuviéramos oportunidad de hablar personalmente, frente a frente con él, podríamos decirle: "David ¿Por qué lo hiciste?". Y con justo derecho reclamar. Pero no así nuestro Dios. Al ver su humillación y el corazón realmente arrepentido, le perdonó y jamás el asunto se volvió a mencionar. Es que, así es nuestro Dios.

El muestra su amor para con nosotros y su inmensa misericordia. De hecho, es ella lo que da sentido a la vida, pues son tantas las veces que fallamos  que, a veces, aún nosotros mismos nos desaprobamos.

Hay quienes han decidido quitarse la vida por una falta que no pueden perdonar, se han dejado llevar por la culpa y la depresión, que ojalá supieran que hay misericordia y que hay perdón sin importar la magnitud del error. En verdad lo digo, no importa la magnitud. Para Dios no hay pecado grande o pequeño, todo pecado se le llama como tal, y es perdonado si hay arrepentimiento.

De ahí la importancia de conocer lo que dice la Biblia (manual de la vida).
Pero no es suficiente conocer, sino practicar. Porque la Palabra sin testimonio no tiene respaldo. Por ahí dicen que un acto habla más que mil palabras. Así que a actuar se ha dicho.

Y se me ha hablado fuerte. Tal vez Dios lee mi blog. (Un comentario demasiado arrogante, lo sé, me disculpo por eso) Pero he entendido que debo mirar a través de los ojos de la misericordia aunque tenga todo el derecho de reclamar y decir ¿"por qué lo hiciste?".

Si quiero tener el respaldo divino, tendré que ser congruente. Tuve que sacar todos aquellos recuerdos dolorosos y en mi mente, mirar a los ojos a cada persona que me lastimó, no fue fácil debo decir. Pero tuve que elevar una plegaria: "Dios mio, ayúdame a mirar a través de tu misericordia".

Y fue su ayuda la que me hizo decir: "Miro con misericordia a: ___________. Una vez más te perdono".

No lo sé, a veces tendremos que perdonarnos a nosotros mismos también, y tal vez debamos hacerlo una y otra vez, una y otra vez con cada persona que nos lastimó hasta que el proceso de sanidad termine. Sabré que ha terminado cuando el recuerdo sea solo eso, un recuerdo y que no despierte ningún tipo de sentimientos. Como aquella cicatriz que nos recuerda que alguna vez hubo una herida sangrante, pero que ahora, aunque quedó la marca, no hay más dolor.

Lo sé es un escrito diferente, pero supongo que es así como se derriba el aire de arrogancia con la que alguna vez escribí. He comprendido que en la vida hay que moverse con fuerza y cierta gracia, pero al mismo tiempo asegurarse de tener el corazón libre de rencor.

Misericordia es la estrategia.

Re-aprendiendo grandes y sencillas verdades,
Martha Martínez de Valle.

Mayo, 2014.


lunes, 28 de abril de 2014

...perdonar.

Insisto. Puedo percibir las oscuras intenciones en esas elaboradas palabras.
Mortales sutilezas dirigidas con extremada precisión.
Pero no lloraré. El arte consiste en no dejar que esas lanzas penetren el alma.

Y me he vuelto diestra, no por voluntad propia, por superveniencia tal vez,
y por una mano fuerte, una palabra firme y una presencia fiel a lo largo de la existencia.

Tuve que aprender a bailar al ritmo de miradas y sonrisas, con cierta gracia, cierta agilidad
sabiendo en el fondo la verdad. Pero sucumbir no era opción, tenía que seguir, la música no paraba de sonar. Era necesario bailar y bailar.

Y la recurrente pregunta siempre sin respuestas: ¿por qué?

Aún con mil dudas  tener que seguir, avanzar hasta llegar hacia aquella inalcanzable luz llamada felicidad.
Y entre la oscuridad seguir avanzando, mientras por segundos se iluminaba la vida con deslumbrantes destellos recordándome que no era posible descansar, este no es el lugar, estirarse y alcanzar hasta llegar, llegar a la meta, a aquel lugar.

Tropezar y llorar, avanzar a tientas y rodar, un golpe bajo tal vez y el aliento que escapa y parece desvanecer. Pero habrá que continuar, la música sigue y hay que bailar. Mover los pies con la gracia de una gacela, sonreír y los brazos levantar para volver a abrazar.

Gentilmente esquivar y bailar, y volver a esquivar sin olvidar sonreír y la mirada no agachar. Tal vez por ser mi vida un constante entrenamiento del aprender a perdonar, puedo decir que no te conozco, pero gracias a ti, aprendí a bailar.


Perdonando otra vez,
Martha Martínez de Valle.
Abril 2014.

sábado, 5 de abril de 2014

La primer piedra...

Es difícil ser cristiano.

Decirlo es demasiado fácil, vivirlo es lo complicado.

Se requiere de carácter y de mucha voluntad. Pregonamos una vida de arrepentimiento, lo cual significa voluntariamente dar la espalda a lo malo y hacer lo bueno, lo cual, no siempre es lo más sencillo..

Se trata de estar siempre alertas, de estar siempre a la defensiva, de no bajar la guardia en cuanto a las mil y un tentaciones con las que lidiamos cada día. Tentaciones en la carne y tentaciones en el espíritu.

Esforzarnos por ser congruentes con lo que predicamos detrás de un púlpito y lo que vivimos en el hogar tras puerta cerrada.

Y la verdad es que la mayoría del tiempo fallamos... ¿por qué? porque somos humanos.

Y osamos mirar con ojos altivos y olvidamos que somos simple mortales redimidos solo por gracia. Hermosa gracia: regalo inmerecido.

Nuestras vidas se resumen en simples intentos de hacer lo correcto. A veces con éxito, otras no tanto.

Aún así tenemos un Dios que nos ama incondicionalmente. Eso es lo que nos levanta una y otra, y otra, y otra y otra y otra y otra vez.... 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año, por cada año que nos toca vivir.... claro, vivir bajo su voluntad.

Sí, hay mucha suciedad debajo del tapete de la vida cristiana. Pero existe aún, una preciosa sangre disponible para cubrir cada una de nuestras faltas. Faltas cometidas por debilidad no por deliberación. Pero, esa sangre es tan preciosa así, que aún al deliberado arrepentido (verdaderamente arrepentido), perdona.

A veces nos tocará estar arriba, otras en el calabozo más profundo. Pero habrá que recordar que no es en nuestras fuerzas, sino en las de Aquel que nos amó. Y con esa misma gratitud, amar a quien ha caído. Ya que después de todo, la vida del cristiano se resume en esto: Amar al Señor nuestro Dios con toda nuestra mente, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, y a al prójimo como a nosotros mismos.

Amar, amar y amar... A Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Y es ese mismo amor el que va a resplandecer en medio de tanta oscuridad, el tratar con misericordia al mas vil pecador. Y recordar siempre, pero siempre que el que esté libre de pecado, tire la primer piedra.




Martha Martínez de Valle,
Abril 2014.