miércoles, 14 de mayo de 2014

agripada, resfriada... como sea!

Antier en la tarde comencé a estornudar, y como estamos construyendo en la casa, pensé que sólo sería alergia al polvo. Pero al siguiente día amanecí agripada... o ¿resfriada? jamás he sabido diferenciar la una de la otra, pero ¿eso que importa? ambas se sienten fatal.

Aún así, con el dolor de cabeza y las ganas de permanecer en cama, he tenido que hacer un esfuerzo extra para mandar a mi niño a la escuela, verás, hoy es la fotografía de grupo y pensé que sería muy egoísta de mi parte quedarme dormida, o ¿será ese amor de madre que te hace andar de pie aún enferma para atender las necesidades de tu familia?

Mi café se ha enfriado y el ruido del taladro de los albañiles está taladrando mi cabeza. Pienso que sería buena idea volver a dormir, pero con este ruido será imposible. En fin, el día comenzó, no hay marcha atrás. Las labores deben comenzar y el resfriado, digo, gripe, o ¡como sea! deberá esperar.

¿Quién me prepara un caldito de pollo?
Martha Martínez de Valle,
Mayo 2014.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Hombre (y mujer), él te ha declarado lo que es bueno,
lo que pide Jehová de ti:
solamente hacer justicia,
amar misericordia
y humillarte ante tu Dios. 
Miqueas 6.8

Tres cosas pide Dios de nosotros. Y quiero enfatizar que jamás nos las hubiera pedido si primero no nos hubiera dado testimonio.

Hay varios ejemplos en la Biblia, pero hoy sólo mencionaré a David el salmista.

Este hombre maravilloso, valiente, de buen parecer, vanguardista, creativo, fuerte guerrero y aún así lo suficientemente sensible como para escribir poesía, y el único hombre al cual se refieren como "conforme al corazón de Dios", fue capaz de cometer atrocidades. Así es, codició, adulteró, mintió y finalmente asesinó. (2 Samuel 12)

Si tuviéramos oportunidad de hablar personalmente, frente a frente con él, podríamos decirle: "David ¿Por qué lo hiciste?". Y con justo derecho reclamar. Pero no así nuestro Dios. Al ver su humillación y el corazón realmente arrepentido, le perdonó y jamás el asunto se volvió a mencionar. Es que, así es nuestro Dios.

El muestra su amor para con nosotros y su inmensa misericordia. De hecho, es ella lo que da sentido a la vida, pues son tantas las veces que fallamos  que, a veces, aún nosotros mismos nos desaprobamos.

Hay quienes han decidido quitarse la vida por una falta que no pueden perdonar, se han dejado llevar por la culpa y la depresión, que ojalá supieran que hay misericordia y que hay perdón sin importar la magnitud del error. En verdad lo digo, no importa la magnitud. Para Dios no hay pecado grande o pequeño, todo pecado se le llama como tal, y es perdonado si hay arrepentimiento.

De ahí la importancia de conocer lo que dice la Biblia (manual de la vida).
Pero no es suficiente conocer, sino practicar. Porque la Palabra sin testimonio no tiene respaldo. Por ahí dicen que un acto habla más que mil palabras. Así que a actuar se ha dicho.

Y se me ha hablado fuerte. Tal vez Dios lee mi blog. (Un comentario demasiado arrogante, lo sé, me disculpo por eso) Pero he entendido que debo mirar a través de los ojos de la misericordia aunque tenga todo el derecho de reclamar y decir ¿"por qué lo hiciste?".

Si quiero tener el respaldo divino, tendré que ser congruente. Tuve que sacar todos aquellos recuerdos dolorosos y en mi mente, mirar a los ojos a cada persona que me lastimó, no fue fácil debo decir. Pero tuve que elevar una plegaria: "Dios mio, ayúdame a mirar a través de tu misericordia".

Y fue su ayuda la que me hizo decir: "Miro con misericordia a: ___________. Una vez más te perdono".

No lo sé, a veces tendremos que perdonarnos a nosotros mismos también, y tal vez debamos hacerlo una y otra vez, una y otra vez con cada persona que nos lastimó hasta que el proceso de sanidad termine. Sabré que ha terminado cuando el recuerdo sea solo eso, un recuerdo y que no despierte ningún tipo de sentimientos. Como aquella cicatriz que nos recuerda que alguna vez hubo una herida sangrante, pero que ahora, aunque quedó la marca, no hay más dolor.

Lo sé es un escrito diferente, pero supongo que es así como se derriba el aire de arrogancia con la que alguna vez escribí. He comprendido que en la vida hay que moverse con fuerza y cierta gracia, pero al mismo tiempo asegurarse de tener el corazón libre de rencor.

Misericordia es la estrategia.

Re-aprendiendo grandes y sencillas verdades,
Martha Martínez de Valle.

Mayo, 2014.


lunes, 5 de mayo de 2014

Sentimientos encontrados

Días de bastante aprendizaje.

No es grato cuando se abren los ojos a la verdad y se puede ver la realidad en la que se vive.
No es nada placentero ver el lugar donde otros están y saber... saber tantas cosas que por simples faltas, por falta de ganas, o simplemente por falta de visión, o falta de valor... mejor prefiero callar.

Y viene a mi mente aquella frase que alguna vez leí: "si no hay resultados, habrá pretextos".

La verdad es que con resultados o pretextos el tiempo sigue con su "tic-tac" y cuando menos pensemos el tiempo habrá pasado, las fuerzas habrán menguado y los rostros palidecido.

Es preferible intentar y equivocarse que jamás haberse arriesgado.
Es por eso que tengo sentimientos encontrados.

Demasiadas voces que gritan, pero que no logro escuchar.
Y es que, es demasiado grande el anhelo que ahoga las voces de los aromas, de los escombros, y la incertidumbre. Incluso un gran árbol podrá atravesarse en el camino, pero es más grande el impulso por avanzar. No sé qué es lo que sucederá.

Pero mis ojos lo han visto. Y se requiere de cierto grado de locura para creer que es posible alcanzar. Locura que se ha enterrado bastantes años bajo los escombros de la razón. Locura que a gritos pide volver a actuar... y pensar que en antaño le solía escuchar.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac...

Suenan las máquinas de la fábrica allá atrás, recordándome que el tiempo sigue, que no volverá.
El tiempo de la espera ha terminado, en el Nombre que es sobre todo nombre, se ha llegado el momento de actuar.

Martha Martínez de Valle,
Mayo 2014.


lunes, 28 de abril de 2014

...perdonar.

Insisto. Puedo percibir las oscuras intenciones en esas elaboradas palabras.
Mortales sutilezas dirigidas con extremada precisión.
Pero no lloraré. El arte consiste en no dejar que esas lanzas penetren el alma.

Y me he vuelto diestra, no por voluntad propia, por superveniencia tal vez,
y por una mano fuerte, una palabra firme y una presencia fiel a lo largo de la existencia.

Tuve que aprender a bailar al ritmo de miradas y sonrisas, con cierta gracia, cierta agilidad
sabiendo en el fondo la verdad. Pero sucumbir no era opción, tenía que seguir, la música no paraba de sonar. Era necesario bailar y bailar.

Y la recurrente pregunta siempre sin respuestas: ¿por qué?

Aún con mil dudas  tener que seguir, avanzar hasta llegar hacia aquella inalcanzable luz llamada felicidad.
Y entre la oscuridad seguir avanzando, mientras por segundos se iluminaba la vida con deslumbrantes destellos recordándome que no era posible descansar, este no es el lugar, estirarse y alcanzar hasta llegar, llegar a la meta, a aquel lugar.

Tropezar y llorar, avanzar a tientas y rodar, un golpe bajo tal vez y el aliento que escapa y parece desvanecer. Pero habrá que continuar, la música sigue y hay que bailar. Mover los pies con la gracia de una gacela, sonreír y los brazos levantar para volver a abrazar.

Gentilmente esquivar y bailar, y volver a esquivar sin olvidar sonreír y la mirada no agachar. Tal vez por ser mi vida un constante entrenamiento del aprender a perdonar, puedo decir que no te conozco, pero gracias a ti, aprendí a bailar.


Perdonando otra vez,
Martha Martínez de Valle.
Abril 2014.

martes, 22 de abril de 2014

Tiempos

"Tiempos traen tiempos" me dice siempre mi padre.

Desde que tengo uso de razón, recuerdo estar siempre añorando el mañana. No lo sé. No soy de las que le abruma pensar en el futuro. Al contrario, me emociona. Siempre estoy pensando en lo que haremos, el problema es que... al parecer, Dios no tiene la misma prisa que yo.

Ahí es donde entro en conflicto.

Dicen mis padres y parientes que el día del festejo de mi primer aniversario simplemente me solté corriendo. No caminé, ni tambaleé, sólo corrí. Y ese mismo impulso es el que  he llevado conmigo toda la vida, siempre quiero correr... pero debo reconocer que hay sobre mí una mano mucho más fuerte que mi propia voluntad, y que me ha forzado a frenar y aguardar a los tiempos que El ha preparado para mi. Hablo de mi Dios.

Y aunque he renegado y llorado, al mirar atrás no me pesa, pues como dice el sagrado Libro: La Biblia, "Todo lo hizo hermoso en su tiempo".

No lo sé. Sigo esperando...  me abruma estar en este estado. Pero hay cosas que aún debo aprender, de lo contrario puedo echar todo a perder. Dicen que el salmista tuvo que esperar diez años para ser rey, y que en ese tiempo Dios pulió en El la humildad que necesitaba para dicho lugar de privilegio.

¿Quién sabe qué es lo que Dios quiere hacer brotar en mí? Lo único que sé es que sigo esperando.... Tal vez quiera enseñarme paciencia, la verdad, no he sido muy buena alumna que digamos.

sábado, 12 de abril de 2014

Mis ojos brillan otra vez.

Pienso demasiado, las ideas se agolpan en mi mente
y las palabras se hacen nudo en mi lengua negándose a salir,
imposibilitando la expresión.

Es demasiada la euforia que corre por mi cuerpo,
quiero gritarlo a los cuatro vientos, brincar, correr...
en cambio, me cierro, estoy enclaustrada.

Pero los escalofríos vienen y van,
y mi pobre estómago sintiendo los estragos.

Nuevos aires, nuevos vientos viniendo de otro lugar,
la respuesta a muchas plegarias se sigue estableciendo,
como piezas de rompecabezas embonan una a una a la perfección.

Mi boca se seca y siento que vuelo solo con pensar en lo que pueda pasar.
La monotonía se ve tan lejana a medida que los nuevos retos se acercan.

Me emociono y al mismo tiempo tengo miedo.
Supongo que es normal ante lo nuevo,
supongo que es normal cuando atraviesas las fronteras.

Cuesta concentrarme, los viejos paradigmas se hacen añicos,
mientras de entre los escombros se elevan mis sueños en el aire.

Dos meses de fuertes emociones y grandes preocupaciones,
pero mis ojos brillan.... otra vez.


sábado, 5 de abril de 2014

La primer piedra...

Es difícil ser cristiano.

Decirlo es demasiado fácil, vivirlo es lo complicado.

Se requiere de carácter y de mucha voluntad. Pregonamos una vida de arrepentimiento, lo cual significa voluntariamente dar la espalda a lo malo y hacer lo bueno, lo cual, no siempre es lo más sencillo..

Se trata de estar siempre alertas, de estar siempre a la defensiva, de no bajar la guardia en cuanto a las mil y un tentaciones con las que lidiamos cada día. Tentaciones en la carne y tentaciones en el espíritu.

Esforzarnos por ser congruentes con lo que predicamos detrás de un púlpito y lo que vivimos en el hogar tras puerta cerrada.

Y la verdad es que la mayoría del tiempo fallamos... ¿por qué? porque somos humanos.

Y osamos mirar con ojos altivos y olvidamos que somos simple mortales redimidos solo por gracia. Hermosa gracia: regalo inmerecido.

Nuestras vidas se resumen en simples intentos de hacer lo correcto. A veces con éxito, otras no tanto.

Aún así tenemos un Dios que nos ama incondicionalmente. Eso es lo que nos levanta una y otra, y otra, y otra y otra y otra y otra vez.... 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año, por cada año que nos toca vivir.... claro, vivir bajo su voluntad.

Sí, hay mucha suciedad debajo del tapete de la vida cristiana. Pero existe aún, una preciosa sangre disponible para cubrir cada una de nuestras faltas. Faltas cometidas por debilidad no por deliberación. Pero, esa sangre es tan preciosa así, que aún al deliberado arrepentido (verdaderamente arrepentido), perdona.

A veces nos tocará estar arriba, otras en el calabozo más profundo. Pero habrá que recordar que no es en nuestras fuerzas, sino en las de Aquel que nos amó. Y con esa misma gratitud, amar a quien ha caído. Ya que después de todo, la vida del cristiano se resume en esto: Amar al Señor nuestro Dios con toda nuestra mente, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, y a al prójimo como a nosotros mismos.

Amar, amar y amar... A Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Y es ese mismo amor el que va a resplandecer en medio de tanta oscuridad, el tratar con misericordia al mas vil pecador. Y recordar siempre, pero siempre que el que esté libre de pecado, tire la primer piedra.




Martha Martínez de Valle,
Abril 2014.